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FINAL DE MI REFLEJO
Las calles de la memoria, con sus luces apiladas, oscuras frías, siempre frías guardan en su interior su incontenible aliento, el viento. Suave calor de tres manzanas a la redonda, ímpetu de las curvas y de las figuras redondas en un todo sensual. El sudor recuerda lo que pensaste no hacer; dibujos entre líneas, líneas de hombres que giran en las grandes calles de la memoria.
Soñar en tu figura, con tu luz en la cara partida de mi poesía; son calles de izquierda a derecha, evocación de tu cintura. Mis pupilas se dilatan una y otra vez; pues no hay remedio para no ver calles, calles y más calles. Imborrable dolor que me causaste en la mirada, misteriosa calle como el dolor que busca su causa.
Encontré los pasos que me trajeron, diluidos, cansados, góticos hasta el hartazgo. Zapatos sin voz ni suela de qué hablar, me llevaron donde las luces cruzan su contacto en silencio. Pero en el centro de tu crisol me esperaste, cargando tus huesos en tus muslos, tu respiración sobre tus senos, tu extraña melodía en tus cabellos, lacios, siempre lacios; luces apagadas de tu belleza, furor del viento en tu cabeza.
No desperté sin despedirme de ti, sin dejar huellas en las luces apiladas de mi memoria, ruego no padecer cristales en los pies, imposibles sueños de calles apiladas en mi memoria. Insostenible se vuelve tu belleza junto al pensamiento de mis ojos, marca registrada de tu lujuria, pieles conquistadas por un calor insostenible.
Reinvento tus palabras sobre las calles y las manzanas, una se corre de izquierda a derecha, otra muere al ser mordida con poderosas letras. Muere la rosa sin su espina, muere la luz en su contorno, muere el amor en la memoria; yo muero en las calles apiladas de luces, salpicadas de estrellas, en las barbas del cielo, en el centro del incendio celestial, en el reflejo de tus ojos. …Cuando tú juntaste las pestañas de tus ojos, yo estuve allí.
(En: Encuentro de escritores nuevos, UCS, 2004)
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